29.12.06

Seducidas por el secuestro

Antes de 1998 no había registros de que mujeres participaran activamente en los secuestros. Hoy, la PGR y la policía del DF reconocen una tendencia al alza. "Es una evidencia de fractura social", asegura Genaro García Luna, titular de la SSP federal

Salía sólo una hora cada día del cuarto en que la mantenían cautiva. Eran 60 minutos en los que podía ver, le retiraban la venda de los ojos, para ayudar en su tarea de Física a Lupita, la hija adolescente de la mujer que la vigilaba y alimentaba. Así convivió 15 días con la familia, hasta que fue liberada.

Fueron 35 mil pesos -en billetes de 500 y 200-, los que recibió Leonor, un ama de casa, por ayudar a la banda de secuestradores de El Changoleón, por tener en una habitación de su vivienda a esta víctima, por permitir que su hija fuera testigo del cautiverio, por convivir con los plagiarios. Ahora está en prisión.

Este expediente de la Procuraduría General de la República (PGR), es uno de los 80 casos documentados de 2003 a la fecha, en los que las mujeres participaron activamente en las bandas de plagiarios, desde quienes cuidan y alimentan a las víctimas, hasta las que lideran a la organización, en contraste con los 615 hombres detenidos en el mismo periodo, revela en entrevista Jorge Rosas García, titular de la Unidad de Investigación Especializada en Secuestro.

Aunque estos casos del fuero federal, en los que mujeres han sido acusadas por delincuencia organizada y privación ilegal de la libertad, son sólo una parte del fenómeno.

En el ámbito local, por ejemplo, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), en los últimos seis años, de los 938 presuntos secuestradores que ha enviado a prisión, 114 eran mujeres, es decir, 12% del total.

La estadística incluye a Catalina Arroyo Bucio, líder de la organización de Los Montante, considerada como una de las más peligrosas de las que operaba en el DF y quien se convirtió en una de las delincuentes más buscadas por las autoridades capitalinas, hasta su captura en agosto de 2005. hoy está en el penal de Santa Martha.

Más allá de las cifras, la tendencia de una mayor participación de las mujeres en las bandas dedicadas al secuestro es reflejo de un problema mayor: descomposición social.

Genaro García Luna, titular de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) federal, quien durante cinco años estuvo al frente de la Agencia Federal de Investigación (AFI) y combatió a estas organizaciones, explica en entrevista que "ahora, se percibe como normal la actividad criminal de los familiares, y no sólo se solapa; sean madres, esposas, novias, amasias o hijas de los plagiarios, estas mujeres colaboran, forman parte activa de las organizaciones, es una evidencia de fractura social".

El móvil

De acuerdo con los archivos de la PGR, en 1997 no existía ningún caso en el que una mujer fuera acusada de delincuencia organizada por participar en secuestros. La historia cambió el 17 de agosto de 1998, con la detención de Daniel Arizmendi, alias El Mochaorejas, ya que a partir de su captura fue posible detener a las mujeres que colaboraban con la organización, entre ellas su esposa María de Lourdes Arias García y su nuera Verónica Jaramillo, hoy sentenciadas a más de 20 años de prisión.

Aunque las mujeres de la banda de Arizmendi más que participar en los plagios, ayudaban al grupo criminal a adquirir bienes e inmuebles con el dinero de los rescates que cobraban.

En 2001 se presentan los primeros cinco casos que atiende la Procuraduría General de la República, en los que las mujeres se involucran directamente con la privación ilegal de la libertad de una persona.

Yolanda Herrera forma parte de la estadística. Detenida en febrero de 2005, como presunta integrante de la banda de Los Champa, es acusada de participar en cuatro secuestros.

"A mí me ofrecieron una lana por tener a alguien en mi casa". Tenía que ganar un dinero para alimentar a su hijo, dijo cuando la capturaron.

El pago por cuidar a la primera víctima fue de siete mil pesos, en billetes de 200. Durante cinco días custodió a una joven de 21 años.

"Le daba de comer y la llevaba al baño", reconoció.

Y si la víctima estaba en su casa, ¿dónde estaba su hijo?, le preguntó el Ministerio Público de la Federación que la interrogó después de ser detenida: "Metí en un cuarto a mi hijo, para que no la viera", para que no se diera cuenta de la presencia de la joven encadenada en una de las habitaciones.

Sus ganancias aumentaron con los siguientes plagios, hasta llegar a recibir 13 mil pesos por cada víctima, dinero con el que adquirió despensa, ropa para su hijo y muebles.

Todas tienen una justificación. "Casi siempre aseguran que su necesidad económica las llevó a participar en el secuestro, la necesidad de subsistir, de mantener a sus hijos, de pagar sus deudas, las hizo cometer el delito", señala Rosas García, el fiscal antisecuestro.

Aunque las motivaciones varían. "Existen casos en los que reconocen su participación en los plagios por obediencia al novio, al amante, o por amor; pero lo mismo es obligada, que lo hace por no perder a su pareja", reconoce el funcionario.

-¿El argumento es "yo lo amo, por eso lo ayudé?
-Son esas circunstancias en lo general, en las que encontramos que las mujeres participan en los plagios.

En 2003 la cifra de mujeres secuestradoras llegó a 25 detenidas. Al año siguiente fueron 28 casos en los que incluso las mujeres se han prestado como "gancho" para atraer a la víctima, lo que en la jerga de los plagiarios se llama "las ponedoras", que por su relación de trabajo, amistad o incluso por implicación sentimental, llegan a conocer la situación económica de los agraviados y facilitan su secuestro.

Cualquiera que sea la motivación de estas mujeres, su perfil es una constante: bajo nivel cultural, no cursaron más allá de secundaria, la mayoría no trabaja y no perciben ingresos, revela un informe de la AFI.

María Eugenia Ruiz no es excepción. Le ofrecieron una "chamba" fácil, pues su vecino se enteró que le quitaron su puesto en el tianguis en el que trabajaba. El Güero le pagaría cinco mil pesos por recoger un paquete.

La propuesta fue tentadora para esta mujer de 45 años, con instrucción de tercer grado de primaria.

Fue su primera y última comisión, aunque aseguró que no sabía que estaba cometiendo un delito, fue detenida en la explanada de la delegación Azcapotzalco, en el momento en que cobraba el rescate de un secuestro.



El Universal Viernes 29 de diciembre de 2006